Autor: Eugenio Plaza Pastor
Para conocer los orígenes de núcleos de población como los lugares de Sonsoto y Trescasas es necesario remontarse a los días de la repoblación de las tierras del valle del Duero en sus extremos meridionales, es decir, lo que corresponde a la Extremadura Castellana. Es notorio que dicha repoblación se atribuye a Alfonso VI (1072-1109) que la encarga a su yerno el Conde Raimundo de Borgoña.
Repoblación implica hablar de despoblación previa, lo que nos lleva a la polémica del desierto del Duero. Sin entrar en dicha polémica que sería engorrosa para el objetivo de este trabajo, he de decir que tanto los defensores de la desertización (Sánchez Albornoz y otros), como los defensores de que solo hubo un derrumbamiento administrativo que llevó a una desarticulación social y empobrecimiento económico (Wilheln Reinhart, Ramón Menéndez Pidal) todo ello entre los siglos VIII y XI, dejan abierta la posibilidad de la pervivencia de núcleos de población en las estribaciones serranas.

El Marqués de Lozoya basándose en la arqueología y Mª de la Soterraña Martín Postigo defienden la existencia de poblaciones mozárabes.
Esta tesis de pervivencia de núcleos de población en las cercanías serranas y más concretamente en su piedemonte, es defendida también por los estudiosos de la Mesta, que atribuirían a estos núcleos una dedicación económica de tipo ganadero sustentada en la abundancia de pastos y en las rutas de lo que serían las cañadas.
Sin menoscabo de otros estudios, quiero destacar los de Sánchez Albornoz y Ramón Menéndez Pidal por basarse en el análisis de términos toponímicos y, siguiendo a Sánchez Albornoz, los de Julio González González.
Los términos toponímicos estudiados, son en realidad una suma compleja de términos relativos a:
- Árboles o arbustos y otras especies forestales: Navalpino, Carrascal, Espinar, Sotos Albos, Carbonero
- Fuentes: Hontanares, Fuentesaúco, Fuente Rebollo, Fuentidueña…
- Rocas o relieve: Pedraza…
- Valles: Valsaín, Valseca, Valverde, Collado Hermoso …
- Existencia de ruinas o edificios anteriores: Cabanillas, Trescasas…
- Personajes (generalmente con iniciativa repobladora) o antropónimos: Martín Muñoz, Martín Miguel, Miguelañez.
Centrándome en los estudios de Julio González González, archivero y catedrático en las ciudades de Sevilla, Salamanca y Madrid quiero destacar la publicación de un documento sobre las rentas del Cabildo de la Catedral de Segovia de 1247, en su trabajo “La Extremadura Castellana al mediar el siglo XIII”, artículo publicado en la Revista Hispania XXXIV, 127 1974 pgs. 265-424 en que aparecen numerosos pueblos que podemos situar en la repoblación y entre ellos Trescasas. Esto no tiene nada de particular.

Lo que sí es digno de considerar es que “Trescasas” es el único topónimo que hace relación a edificios ya existentes, edificios de cierta solidez, no cabañas, ni ‘cabanillas’, que pudieran haber constituido algún poblado ganadero al amparo de las rutas seguidas por los ganados en busca de los verdes pastos serranos. Por tanto Trescasas pudiera muy bien ser uno de esos núcleos que pervivieran a la desertización, y que determinaran su nombre, de la zona amparándose en su situación en el piedemonte de la sierra y al amparo de esta y que provenga, incluso, de época anterior a la repoblación de Alfonso VI.
Este mismo documento es fehaciente para demostrar que el nombre viene al menos de la repoblación (1247) y aparece en las ordenanzas de la cacera del rio Cambrones (1401), así como en la documentación de los orígenes del Monasterio de Sª Mª del Paular (1390) y por tanto nada tiene que ver con la existencia de los esquileos, que son de comienzos del siglo XVII.
Trescasas aparece vinculado a los pueblos de la Vera de la Sierra, desde el Espinar a Sotosalbos, a través de un Privilegio Real de Alfonso XI de 1347 permitiendo roturaciones en los terrenos de Propios, en detrimento de la defensa de los pastos que predominaba por razones de la ganadería mesteña.
También aparece vinculado en 1397, como otros muchos núcleos segovianos del entorno serrano, al Monasterio de Santa María del Paular, fundado en 1390, a través del pago de las tercias reales.
Y le vemos igualmente vinculado a Palazuelos, Tabanera, Sonsoto, San Cristóbal y Ojalvilla (La Lastrilla), con Agriones y Aragoneses vinculado a la Cacera del Rio Cambrones y a la Noble Junta de Cabezuelas. Ordenanzas de la Cacera de 1401.
Estas vinculaciones nos permiten deducir las formas de vida, ya tradicionales (de tiempo inmemorial, como rezan las ordenanzas de la Cacera) relacionadas con una economía agrícola y ganadera. Agricultura y ganadería son complementarias entre sí, pero también entran en competencia, pues se establece entre ellas una dinámica tal que cuando avanza la expansión de los pastos, retroceden las tierras roturadas y a la inversa. El predominio de los pastos provocaba la remisión de las roturaciones, hasta el punto que Alfonso XI hubo de dar el mencionado Privilegio de 1347 permitiendo la roturación de espacios en detrimento de las zonas adehesadas.

Este tipo de economía nos vincula igualmente estos espacios a otra entidad de gran importancia para el futuro de estas poblaciones: La Comunidad De Segovia y Su Tierra, así como la Junta de Nobles Linajes. Ello nos lleva a diferenciar la ocupación de las tierras de lo que podríamos llamar Término de Aldea y el espacio que ocuparían los ejidos y alijares.
Para comprender la vida de los pobladores de estas aldeas no tenemos otras referencias que las mencionadas, que en realidad no son pocas: el estudio de las tercias reales pagadas al Monasterio del Paular nos permite conocer el tipo de economía agraria, basada en el cultivo de los cereales (trigo, centeno, cebada y avena) y el lino; junto a estos productos aparece la entrega de lana, corderos, gallinas y otros productos de origen ganadero. Ello ratifica la idea general de asociación agrícola-ganadera, siendo la ganadería, a nivel local, complementaria de la agricultura (como complemento alimentario, como fuerza de trabajo y como origen de abono). Las ordenanzas de la Cacera del Río Cambrones vienen a constatarlo y con el tiempo nos lo confirmará el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752).
Pero mientras tanto hemos de aclarar que la agricultura se produjo en los terrenos situados en lo que podemos llamar “Termino de Aldea”, es decir aquellos terrenos situados en torno a los pueblos de Trescasas y Sonsoto, más bien desde la ubicación de los pueblos mismos, hacía el Oeste, hasta los términos de San Cristóbal y Aragoneses, mientras al Este se situaban los ejidos y alijares que ocupaban la sierra y su piedemonte y pertenecían a la Comunidad de Segovia y su Tierra.
Los terrenos del Término de Aldea seguramente habían sido objeto de reparto durante la repoblación o bien entregados, por servicios militares, a la familia Del Rio Aguilar (Futuros Condes de Encinas, con predominio del apellido Aguilar, de los que tenemos referencias desde el siglo XV al XIX) que poseían hasta el 71% de dichas tierras, distribuyéndose el resto del siguiente modo: Juan de Cáceres 7%, Concejos 7,2 %, forasteros 4,4 %, eclesiásticos 4,3 %. Así los vecinos poseían únicamente el 4,3 % de la tierra, en realidad distribuida en favor de dos o tres vecinos, siendo el resto renteros del Conde de Encinas, del Concejo o de la Iglesia (datos sacados del Catastro del Marqués de la Ensenada. 1752). Los ejidos (salidos o salíos) eran de aprovechamiento común por parte de los vecinos del Concejo, mientras los alijares eran de aprovechamiento general por parte de los vecinos, los ganados de la Mesta e incluso vecinos de otros términos municipales.

Dando un salto cronológico, relativo, pues tenemos la continuidad de la Junta de Cabezuelas y la influencia del Monasterio de Santa María del Paular, llegamos al siglo XVII en que se construyen los tres grandes ranchos esquileos: el del Monasterio del Paular (1624-28), el de la Familia Aguilar, luego de Diego Ochoa de Ondátegui y su Fundación (1641) y el de Sonsoto, edificado por Francisco Frutos del Rio, seguramente de la misma familia Aguilar, que terminaría siendo de la familia soriana de los Salazar (construido también en torno a 1640). A la sombra de dichos esquileos se multiplicaría la actividad económica, especialmente orientada a la producción de la lana de ovejas merinas y de la que se habrían beneficiado los habitantes de los lugares de Trescasas y Sonsoto, sobre todo a través de la carretería. La actividad de los ranchos esquileos llegaría hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX decayendo con la caída de la Mesta.
Estas formas de vida, basadas en una pobre economía agrícola-ganadera, se mantendrían sin cambio hasta los años setenta del siglo XX. Desde la década de los ochenta los cambios en estos pueblos han sido sustanciales, y dignos de un estudio pormenorizado que está pendiente.
Merece la pena destacar otro momento importante, no solo para Trescasas y Sonsoto, sino para todos los pueblos situados en el piedemonte serrano, y en general en la totalidad del Estado español. Se trata de la Desamortización.
Trescasas y Sonsoto no están afectados por la desamortización eclesiástica de Mendizábal, 1836, como ha podido decirse en algunos estudios, sino por la de Madoz, 1 de mayo de 1855 y parcialmente por la de Godoy 1798.
La ley de desamortización del 1 de mayo de 1855 afectó muy directamente a los vecinos de Trescasas y Sonsoto, que manifestaron por escrito su protesta, pues afectó a los bienes del clero (Iglesia y Curato) y los bienes de propios (o del Concejo) que lo aprovechaban en renta. Igualmente afectó a los ejidos o salíos, que eran de aprovechamiento común, y a los alijares que, igualmente, proporcionaban libremente pastos y leña a los vecinos. Todo ello con gran perjuicio para dichos vecinos.
Mientras tanto a finales del siglo XVIII, 1774, se construiría la nueva iglesia bajo los auspicios de Carlos III, lo que nos lleva a mencionar otra institución, la Abadía de la Granja.
En el conjunto del actual Trescasas existían dos iglesias con sus respectivos cementerios: la de San Pedro en Sonsoto, ubicada al comienzo del pueblo viniendo de Segovia y la de San Benito en Trescasas, cuya ubicación era el actual cementerio. Ambas iglesias debieron de construirse en estilo románico seguramente de finales del s. XII o comienzos del XIII, de forma que ya en el siglo XVII, según documentación del Monasterio del Paular que cede las tercias reales o da dinero en efectivo para su reparación (año 1628 para obras en la Iglesia de San Benito), estaban en muy mal estado.

Sabemos también que para su reparación se pidieron pinos a la Junta de Nobles Linajes en diversos momentos: 1620, 1635, 1640… según documentación existente en el Archivo Municipal de Segovia.
Pues bien, con la construcción del Palacio Real de la Granja, Felipe V muy consciente de lo que significaba su poder absoluto, como monarca procedente de la monarquía francesa y nieto de Luis XIV, el Rey Sol, quiso tener su independencia también en lo referente a la vida eclesial y no depender del Obispado de Segovia, para lo cual se dotó de un régimen eclesial particular obtenido del Papa Benedicto XIII que fue la Prelatura Nullius de San Ildefonso, creada por la bula Dum infatigabilem dada en Roma, en San Pedro, el 20 de diciembre de 1724. Esta nueva jurisdicción que formaba la Abadía de la Santísima Trinidad de San Ildefonso (Abadía de la Granja) comprendía las aldeas de la Aldehuela (?), Las Navas de Rio Frio, Revenga, Sonsoto, Trescasas, Palazuelos, Tabanera, Pellejeros, Santa Cecilia y la ermita de Nuestra Señora de Robledo. Dicha jurisdicción particular perduró hasta 1873, en que fueron suprimidas las jurisdicciones exentas, por el Papa Pio IX.
La construcción de la nueva iglesia hay que situarla en el contexto de las malas condiciones de las dos viejas iglesias, junto con la idea de Carlos III de sacar los enterramientos de las iglesias, lo que se haría en 1787, siendo así el caso de Trescasas un antecedente no casual, y bajo la influencia del Abad de la Granja ante el rey, por otra parte conocedor de la situación por sus jornadas de caza por la zona. La nueva iglesia seria así también un hito en la unificación de los dos pueblos, al menos en el sentido eclesial.
Carlos III eligió para el nuevo templo los planos diseñados por José Díaz Gamones que junto con su hermano Manuel Díaz Gamones dirigirían las obras. Ambos eran Maestros de obras del Rey en San Ildefonso y ya habían trabajado de diversas formas en los esquileos de Trescasas, especialmente como supervisores de las reedificaciones llevadas a cabo en los esquileos del Paular y de la Fundación Ochoa de Ondátegui.
El motivo que dio lugar a la construcción del nuevo templo fue la necesidad de una nueva reforma de la iglesia de San Pedro de Sonsoto. Encargado Manuel Díaz Gamones de hacer un informe sobre el coste de dicha reforma, llegó a la conclusión de que sería más barato hacer un nuevo templo en otro lugar. De esta forma se pensó en una iglesia que sirviera para unificar el culto de los dos pueblos, al tiempo que una de ellas, la de San Benito, quedara de cementerio, igualmente para los dos pueblos, lo que servía bien a la intención de Carlos III que tenía el proyecto, que se convertiría en Decreto Ley en 1787, de sacar los enterramientos fuera de las iglesias.
La magnitud del templo se justifica en el afán de Carlos III de mantener en el entorno de la Corte Granjeña el mismo boato de la propia Corte, más si tenemos en cuenta que la obra se puso en manos de los propios Maestros de Obras que estaban diseñando no pocos de los edificios de San Ildefonso, como la Casa de Infantes y otros.

La ornamentación de la Iglesia tuvo también una intervención personal de Carlos III, que regaló el cuadro de la Inmaculada que preside el altar mayor, llevado a cabo por Mariano Salvador Maella. El resto de pinturas ubicadas estratégicamente a los lados norte y sur del templo son de Ramón Bayeu.
Se sitúan en el lado Norte, el lado de Trescasas, el Cristo de las Cinco Llagas correspondiendo a la cofradía de la misma advocación; San Benito, a quien estaba dedicada la iglesia de Trescasas y San Carlos Borromeo, de especial devoción del propio Carlos III. En el lado Sur, el de Sonsoto, se sitúan Nuestra Señora del Rosario, correspondiente a la cofradía de igual advocación, San Pedro Apóstol, a cuya advocación correspondía la iglesia de Sonsoto y San Antonio de Padua.
Entre los demás aspectos de la ornamentación merece la pena destacar todo lo referente a la platería, sobre la cual hay un estudio publicado en Estudios Segovianos número 107 por Francisco Javier Montalvo Martín: “La colección de platería de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Trescasas” Estudios Segovianos número 107. Año 2007.
Este resumen esta hecho basándome en mis propios estudios sobre la Cacera Mayor “La Junta del Agua de la Cacera del Río Cambrones». (Noble Junta de Cabezuelas) y el Catastro del Marqués de la Ensenada “Trescasas y Sonsoto según el Catastro de Marqués de la Ensenada”, publicados en los números 114 y 116, respectivamente de Estudios Segovianos.
Igualmente he utilizado mi estudio sobre los Ranchos esquileos de ambos pueblos: “Ranchos esquileos de Trescasas y Sonsoto. Cabañas del Monasterio de Santa María del Paular, de la Fundación de D. Diego de Ochoa de Ondátegui y la Familia Salazar”, publicado por la Diputación de Segovia 2017.
Lo relativo a la desamortización procede de un estudio, aún inédito, sobre la desamortización de la sierra de Guadarrama en su vertiente segoviana.
Por último para lo relativo a la Iglesia he seguido los trabajos de Mercedes Moreno Alcalde: “La Real Pinacoteca de Trescasas” publicado por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia 1977 y “La Iglesia de la Purísima Concepción del Lugar de Trescasas, territorio de la Prelatura Nullius de San Ildefonso” publicado en la Revista “Reales Sitios”, revista del Patrimonio año 1983.
